El millonario regresó a casa en Navidad y encontró a sus hijitas comiendo pan con moho, mientras su nueva esposa bailaba cubierta de diamantes abajo

Desde el salón principal retumbaba música de banda mezclada con reguetón. Había desconocidos bailando sobre los sillones, copas tiradas, mole manchado en la alfombra italiana y una torre de mariscos destruida sobre el piso de mármol.

En medio de todo, Jimena, su nueva esposa, bailaba encima de la mesa del comedor con un vestido dorado y un collar de diamantes que Alejandro no recordaba haberle comprado.

—¡Feliz Navidad, muertos de hambre! —gritó ella, levantando una botella de champaña.

Alejandro se quedó inmóvil.

Él había enviado dinero para una cena familiar tranquila. Había contratado chef, nanas, terapeuta infantil, nutrióloga, regalos, ropa de invierno. Todo.

Todo menos su presencia.

Entonces miró hacia el pasillo de las niñas.

Estaba oscuro.

Demasiado oscuro.

 

continua nella pagina successiva

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *